Cuando quiero relajarme vuelvo al viejo Steve

16Abr09

En resumidas cuentas, uno ni siquiera escribe
por amor, aunque me gustaría creerlo así. Lo
hace por no hacerlo es suicida.
Stephen King en la introducción de La Niebla.

La preparación de la entrevista a JPF me dejó exhausto. Muchas horas de lectura, lápiz en mano, yendo y viniendo, cerrando y abriendo novelas, tomando apuntes, consultando ensayos y columnas en el diario. Hubo en el medio otras lecturas, también leídas a paso firme para preparar otras entrevistas.

Ayer comencé Indignación, el nuevo libro de Philip Roth, pero necesito otra cosa. Roth va a tener que esperarme unos días. Ahora necesito relajarme, que alguien me lleve y que me cuente una historia, que me cautive. Nada más. Nada menos.

Y cuando quiero relajarme vuelvo al viejo Steve. Destapo una cerveza, me acomodo en el sillón, abro un libro y espero que llegue el huracán. (Me gusta creer que leyendo a Stephen King extiendo un poco más mi relación con JPF: en El cadáver imposible continuamente se refiere al “gran maestro Stephen King”)

Se me dirá: y si querés relajarte, ¿por qué querés leer? Reescribiendo a King: leo porque no hacerlo sería suicida.

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