Los perros (domesticados)

20Abr09

los perros (domesticados)

Y fue entonces cuando los jóvenes más decididos de la época, peronistas y no peronistas, asumimos como inevitable el camino de la armas bajo la consigna de una nueva y definitiva guerra de la independencia. Hay que decir también, para no quitar el cuerpo a la responsabilidad, que tal camino no era inevitable; de hecho, otros grupos no lo siguieron. Fue una opción, la opción que consideramos podría terminar con la permanente indefinición en un país como la Argentina, que parecía ir del desarrollo al subdesarrollo. Por otra parte, muchos aceptamos la consigna “guerra de la independencia” como una concesión “táctica” al nacionalismo revolucionario. Por ello, esta vez, a diferencia de la Revolución de Mayo de 1910, la independencia sería “nacional y social”. Según este ideario, marcado por Ernesto Guevara, no habría ya más lugar en Argentina, ni en América Latina, para supuestas burguesías nacionales que capitanearan un capitalismo progresista -como planteaba el marxismo oficial-: la liberación nacional sólo podría ejercerla la clase obrera acaudillando todo el pueblo, en un largo proceso de liberación cuya resultante -en nuestro credo- no podría ser otra cosa que el socialismo. La genuina liberación nacional debía contener la liberación social.

Los perros, Luis Mattin

 

Y después de ese enorme prólogo, Mattini escribe un anecdotario de amigos compartiendo el mate junto al fogón. La misma desilusión que me produjo el libro de García Márquez sobre Miguel Littín. Quería memorias más profundas del sucesor de Santucho.

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2 Responses to “Los perros (domesticados)”

  1. En mi humilde opinión Mattini nunca fue, es o será el sucesor de Santucho, si entendemos por sucesor a alguien que estuviera en el mismo nivel intelectual, conceptual y político, que su jefe y que, negándolo, se atreviera a superarlo según la concepción hegeliana del término.

  2. 2 GFG

    Toda esa parrafada de Mattini a modo de prólogo es el mejor testimonio de la visión voluntarista de la revolución que encarnó el ERP (y otras organizaciones que siguieron la opción de la lucha armada)

    De todos modos, y en el otro extremo de la opinión positiva de Marcelo, creo que Santucho fue un promotor de esa visión voluntarista y, por lo tanto, responsable directo del fracaso político-militar del ERP.

    Mattini no puede ejercer ninguna autocrítica porque es parte del problema. El tiempo y las mentes frescas de una nueva generación dispuesta a estudiar con rigor esos años podrán llevar a cabo la tarea inconclusa.

    (muy oportuna la foto del perrito petitero…una buena metáfora de los orígenes de la izquierda revolucionaria argentina de los ’60 y ’70. Felicitaciones por el acierto!)


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